El gobierno federal intensificó su estrategia para frenar el alza en los precios de los combustibles, elevando a 81.2% el estímulo fiscal al diésel durante la segunda semana de abril. La medida, publicada en el Diario Oficial de la Federación, representa un incremento significativo respecto al 70.28% aplicado la semana anterior y equivale a un subsidio de 5.9791 pesos por litro.
El ajuste forma parte de una política de contención ante la volatilidad en los costos de los energéticos, que ha mantenido en alerta tanto a consumidores como a sectores productivos. Además del diésel, las gasolinas también recibieron apoyos: la magna o regular contará con un estímulo del 31.34%, mientras que la premium tendrá un alivio fiscal del 18.48%.
La decisión refleja una escalada en los subsidios, que en marzo comenzaron desde cero para todos los combustibles. En el caso del diésel, el estímulo ha crecido de manera constante: del 35.21% registrado entre el 14 y el 20 de marzo, pasó al 61.80% la semana siguiente, luego al 70.28% del 28 de marzo al 3 de abril, hasta alcanzar el actual 81.2%. Un patrón similar se observó en las gasolinas, que tras semanas sin apoyo, ahora reciben subsidios del 31.34% para la magna y 18.48% para la premium.
Este aumento en los estímulos fiscales busca mitigar el impacto de los precios internacionales del petróleo, que han ejercido presión sobre los costos de los combustibles en el mercado nacional. Aunque la medida alivia temporalmente el bolsillo de los consumidores, también plantea interrogantes sobre su sostenibilidad a mediano plazo, especialmente en un contexto de alta demanda y fluctuaciones en los mercados globales.
Para los transportistas y sectores que dependen del diésel, como el agrícola y el de carga, el subsidio representa un respiro en sus operaciones, donde el combustible suele ser uno de los principales gastos. Sin embargo, analistas advierten que, sin una estrategia integral que incluya mayor producción nacional o alternativas energéticas, los estímulos podrían convertirse en un paliativo con efectos limitados.
Mientras tanto, el gobierno mantiene un equilibrio delicado: por un lado, busca evitar un descontento social por el encarecimiento de los combustibles; por otro, debe cuidar las finanzas públicas en un escenario de menor recaudación por estos conceptos. La evolución de los precios internacionales y las decisiones de política energética en los próximos meses serán clave para determinar si esta tendencia de subsidios se mantiene o si se explorarán otras vías para estabilizar el mercado.
